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No me gusta mi cuerpo

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NO ME GUSTA MI CUERPO. Casi el 100% de la gente se siente identificada con esta afirmación. Se trata de un tema que está presente todos los días del año y que va acompañándonos a lo largo de la vida hasta que nos vamos acostumbrando a esa insatisfacción.

PREGÚNTATE A TI MISMO/A: ¿QUÉ TE PROVOCA TU CUERPO?

No me gusta mi cuerpo
“Odio mi cuerpo y quiero el tuyo”

Podrás pensar palabras como placer, gusto, admiración, o quizás palabras como disgusto, vergüenza, disconformidad. Esas primeras sensaciones que detectes son el reflejo que muestra cómo te relacionas con tu cuerpo: esa relación puede ser de cercanía o de lejanía: te gusta tu cuerpo y te sientes a gusto y en sintonía con él, o bien te es como ajeno, te estorba, te frustra (y estás en distonía con él)

¿Cómo te sientes habitando tu cuerpo? “No me gusta mi cuerpo”

“NO ME GUSTA MI CUERPO”: ¿QUÉ PASA CUANDO NOS DISTANCIAMOS DE NUESTRO CUERPO?

Cuando nos desconectamos y distanciamos del cuerpo nos miramos menos, nos tocamos menos, nos sentimos menos. Puede ser que el contacto con nuestro cuerpo se reduzca al momento de bañarse, y quizás mirarse en el espejo del baño. Incluso puede que ni te mires desnudo/a en el espejo. Muchas veces la disconformidad y lejanía con el cuerpo va de la mano con evitar el contacto con otras personas. Desde evitar los abrazos hasta evitar la intimidad. En estos casos es muy común que el sexo se vuelva un problema. Y eso nos trae de vuelta ese principio que dice: “La vergüenza es enemiga del placer”.

Cuando nos distanciamos del cuerpo, con el tiempo la energía que naturalmente circula por el cuerpo comienza a recogerse desde la periferia hacia el centro, desde las piernas y la pelvis hacia el diafragma. Esto implica que la cabeza se congestiona con la energía que antes habitaban tu abdomen, piernas y genitales. Si nuestra conciencia no quiere estar en contacto en el aquí y en el ahora, no inundamos la totalidad del cuerpo y la corriente de energía vital se repliega.

Naturalmente la psicología de la persona también se repliega: al perder contacto con el cuerpo también perdemos contacto con el mundo. En otras palabras, nos es más difícil vivir y hacernos cargo de todo lo que implica dirigir la vida ¿Cómo vamos a llevar las riendas de la vida, si nuestra presencia en el mundo desde el cuerpo es mínima? ¡Es como si no quisiéramos estar en él!

En términos físicos y energéticos nos volvemos más opacos, respiramos menos, perdemos la capacidad de sentirle el sabor a la vida. Nos desvitalizamos, manejamos menos energía, el cuerpo pierde tonicidad y fuerza, y la energía que se va a la cabeza la termina sobrecargando; vivimos más en fantasía que en la realidad. Tendemos más a la apatía y al enojo y menos al goce. Todo esto ocurre si es que en tu mente está impresa la frase “no me gusta mi cuerpo”.

SI SIENTES QUE ESTO ES LO QUE TE PASA A TI, QUIZÁS PUEDAS ENCONTRAR VALIOSO LO SIGUIENTE:

En mi experiencia trabajando con la gente y su cuerpo, te puedo afirmar que esta conexión con el cuerpo es reparable y cultivable, por lo tanto la conexión se puede recuperar y cuidar. En principio se necesita ayuda para darse cuenta de las tendencias o malos hábitos que nos distancian del cuerpo. Quizás para evitar el contacto tendemos a anestesiarnos fumando, con comida, alcohol, etc.

Será necesario mirar de qué estamos huyendo. Mirar qué experiencia displacentera nos lleva a huir de la posibilidad de sentir y sentirnos. ¿Será que si sentimos nos encontraremos con mucha rabia, mucha pena? O quizás se trata de vergüenza o culpa? ¿Será que nos encontraríamos con una necesidad urgente de actuar y hacer algo, y que estemos rehuyendo de eso?

Sea cual sea la respuesta, siempre hay solución. Nos podemos embarcar en un proceso de atrever a mirarse, a sentirse, y permitirnos que esas emociones tengan un espacio y una expresión. Las cosas pendientes que no queríamos mirar comienzan a encajar, y comienza a darse de forma natural una vitalización del cuerpo. La energía que antes estaba recogida ahora comienza a inundar paulatinamente esas zonas que antes estaban frías o vacías. Tu rostro también cambia, te vuelves radiante. Tu mente esta mas expansiva, te atreves a más y te permites más. Tienes claro qué es lo que quieres y comienzas a definirte. Todo esto se da porque comienzas a integrarte, ya no estas dividido, ya no hay partes que están fragmentadas y aisladas de ti.‘

Habitar tu cuerpo es el primer paso para que florezca tu pasión, tu radiancia.

Todo esto está a tu alcance. Tú puedes integrarte y estar cada vez más completo. Está a tu alcance la posibilidad de que dejes de perder energía peleando con tu imagen. Este es el viaje de amarse a uno mismo, que comienza con aceptarse. Y lo más concreto, lo mas visible de nosotros mismos es el cuerpo.

 

Averigua sobre la terapia aquí

 

Miguel Ángel Palacios

Psicólogo Terapeuta

facebook.com/yocambioahora

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