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Habitar el cuerpo II: Tú no tienes un cuerpo, eres cuerpo

Somos Cuerpo

Estamos acostumbrados a pensar que “tenemos” un cuerpo, tenemos una mano, tenemos un rostro, tenemos genitales, etc.

En el lenguaje asignamos nombres a partes del cuerpo, y la mente racional procesa esta idea como si fuésemos un algo abstracto que «posee» estas partes del cuerpo. Pero en la realidad, en la experiencia directa, todo lo que nos pasa lo vivimos sin hacer esa distinción.

La realidad es que SOMOS cuerpo. Todo lo que vivimos lo procesamos a través del cuerpo, todo lo que deseamos y rechazamos viene desde el cuerpo. Las cosas que nos afectan nos impactan como un todo, en un diálogo de cuerpo, mente y emociones.

Hoy día enfrentamos como sociedad una condición de escasa o nula conciencia corporal. Nuestra sociedad de consumo genera seres alienados, desconectados de su vitalidad, de sus necesidades y de su potencial de crecimiento.

Cuando sufres dolor emocional, sueles no tener claridad de dónde viene la fuente de sufrimiento. Quizás tienes una noción de ello, como por ejemplo problemas con la pareja, una ruptura sentimental no superada, etc; pero no tienes muy claro qué necesitas, ni las prioridades en que necesitas gestionar esas necesidades.

Es necesario entonces recuperar el cuerpo como referente. Es necesario hacer consciente los conflictos y resistencias emocionales que con los años te llevaron a perder la conexión con tu cuerpo.

Es un principio básico de salud que logres habitar tu cuerpo.

Si habitamos el cuerpo nos encontramos con nuestra realidad misma. Si logramos sentirnos, nos damos cuenta de lo que necesitamos. Más valioso aún, nos damos cuenta de qué nos surge hacer para gestionar esas necesidad. Desde ahí, la consecuencia natural es moverse para para satisfacer esa necesidad consciente.

El cuerpo por diseño se autorregula. Está configurado en su totalidad para buscar y mantener un equilibrio, ya que el «desequilibrio» es una amenaza para la supervivencia.

Si no estamos conscientes del cuerpo, es obvio que vamos a estar sometidos a la rutina sin darnos cuenta de la ansiedad y angustia que se está acumulando en las vísceras. Fácilmente vamos a caer en anestesiantes como comer, fumar y beber alcohol en exceso… hasta que la ansiedad y la angustia exploten y generen otros síntomas.

Habitar el cuerpo significa reconocer el desequilibrio cuando aparece, y actuar para restituir el equilibrio. Recuperar esa capacidad es lo básico que ofrece una terapia corporal.

La conciencia corporal te da la capacidad de confiar en tu cuerpo y en su capacidad instintiva de salud. Te permite confiar en ti y tu tendencia innata a crecer y desplegarte, para que vivas cada vez más expansivo/a.

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